lunes, 13 de agosto de 2012

De profundis



Hay cementerios que no saben del silencio. Hay hombres que no conocieron la muerte. Y siguen, desde el mármol y las flores recibiendo visitas, charlando con los amigos, fumando y bebiendo; como si ningún día se hubiesen acabado.

Hombres no derrotados, no muertos, no vivos. Con mausoleos que son casas, lápidas que son sillas, tumbas que son bancos. Hay nichos insuficientes para el alma.


Hubo dioses que no soñaron la muerte y paraísos sin pecado; hay pájaros que no necesitan volar. Y el grafito de los lápices junto al cartílago del mármol. Y la luz. Y la luz.

Hay veces que nada tiene que decir la muerte.

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